Acerca de mí. Tan cerca de tí. agosto 16, 2008
Posted by confechadevencimiento in yo.Tags: amores, esencial, familia, hijos, matrimonio, rubicundo
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Bueno, mi vida no es precisamente un cuento de hadas ni nada fuera de lo normal, creo que siempre deseé no cometer los errores que yo veía en otras personas.
Por ejemplo, mi hermana mayor se casó con un tipo que tiene dos hijas con distintas mujeres y un trabajo que no le da ni para mantener a la única que tuvieron en santo matrimonio. Por el contrario, mi hermana, la que me sigue, se casó con un hombre de su edad, no mal parecido, bien acomodado económicamente, una profesión interesante, pero nada que ver para el rol de padre y encima pidieron tres niños. Antes de eso un amor tormentoso que puso las calcetas revueltas en casa durante cinco años. Y mi hermano mayor, con un complejo de Edipo recién resuelto, un compromiso de convivencia roto con un hijo de un tercero como anzuelo de pesca. Actualmente, él está casado, con una hija propia y otra hija de ella. Así que con este currículo, me empeciné en no cometer esos errores, intentaba no enamorarme del misio-buena gente, ni del platudo-patancito- inmaduro y muuucho menos del casado-con-problemas-con-mi-esposa.
Olvídate, lo mío era una onda super intelectual, super metida en cosas académicas, de maestrías, especialidades, rock de los 80 y una onda de autoayuda. En eso andaba metida, enamorada hasta los huesos del Rubicundo (así llamo a mi ex), enamorada de sus ojos, de su piel, de su cabello y sobretodo de su música, wave, ochentera, rokerasa con the cure, morrissey y new order, mi rubicundo me trataba como a una niña, pero a mi no me importaba, yo lo amaba y quería estar con él, ser el centro de su atención. Claro, como en estas cosas, él se fue y me partió el corazón cuando me contó que se casó y que primero llegó una niña y hace tres años, el niño adorado de sus ojos. Yo alucinaba “guaauuuu, que bien ha de irle en su matrichi”, pensaba que porque tenías hijos con alguien las cosas iban bien.
Paralelamente, o casi, cuando el rubicundo estaba en franca retirada, apareció por Internet un hombrecito que me hizo sonreir un día que llamó a mi casa de arequipa diciendo que era del colegio “fe y alegría”, nunca olvidare ese dia, me hizo tan feliz que pensé en él como un proyecto de pareja: chico provinciano, trabajador, con una carrera en ascendente, prometedora, espontáneo, graciosito, soltero y muy independiente. Qué mas podía pedir. Accedí y plum!!!! Me enamoré como loca. Debo confesar que la primera vez que nos conocimos sentimos tanta adrenalina que no nos quedo otra que hacer el amor hasta que las hormonas nos dejaran hablar o al menos caminar tranquilos por las calles. Fue fuerte, sí. Y creo que por eso marcó mucho en lo que es ahora mi vida.
El Esencial se hacía llamar en sus épocas de soltería, cuando aún éramos los novios lindos- super- enamorados. Porqué? No lo sé. Sólo sé que las personas cambian y a veces hasta parece que no las hubieras conocido antes.
No sé, sólo me da la impresión.
Y de pronto también yo cambié.
Hasta la próxima.

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